Rio bamboleante como hamaca en que se mecen por las mañana rumiantes pensamientos. Corriente serena y relajada como brisa primorosa por instantes Y por contraste tosca, impetuosa y amenazante. Cuando está de buenas como tú; es sanación como dormir bajo tus brazos. O como cuando necesito de un abrazo Y me dejas dormir en un ensamble con tu cuerpo. Eres asi, para mí, ese agua de purificación. Lluvia como fuente, que te vuelve vital y caes por las tardes. Como el agua, tú también, puedes arrastrar todo lo que tocas y con paciencia corromper incluso asperas dificultades como rocas. ¡Impetuosa, movediza y valiente eres! Y a pesar de que no pierdes tu gracias y fluyes con sutileza, frente al fuego y el acero combates con grandeza. Como agua sanemos, y transformemos todo lo diario en extraordinaria magnificencia y gracia.
Parecería una tarea simple, algo que resultaría fácil, solo tenia que caminar unas pocas cuadras hasta la tienda de pesca de Joe. Había ciertamente una niebla extraña con la que había amanecido el paisaje que trasmitía la percepción desde mi ventana y que hace muchos años no se veía en el pueblo. A pesar de eso, todo pintaba a ser un día bastante común y tranquilo, no tan aburrido como un domingo pero no quitaba que con todo este tema del virus la gente se recluyera en sus casas en busca de una protección de la amenaza global. Todo esto hacía que cada día fuera parecido al siguiente y así sucesivamente como si se calcaran unos a otros. Recibí sorpresivamente a primera hora de la mañana, un paquete de procedencia extranjera con una estampilla que dibujaba un gran dragón dorado en el frente. Yo no tenía parientes en el extranjero y más aún, casi ya ni parientes tenía. solo quedaba una tía que vivía a un par de manzanas y mi hermano Raúl que se había ido hace varios años...
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